Ya van 5 años que resido (casi permanentemente) en Lima. Pero no voto aquí. La elecciones pasadas me hicieron parte de ese gran grupo de peruanos golondrinos que se embarcan en pesados viajes para llegar a su mesa de votación y cumplir con ese ¿deber? ciudadano que es elegir a tus representantes.
Esos días confirmaron mi certeza de siempre (lo monstruosa y acaparadora que es Lima), y agregaron una más: Que a pesar del tiempo vivido, y de haber nacido en ella, me despierta pocos sentimientos.
Nunca como en estas elecciones me he sentido tan ajena a Lima y su problemática. ¿Me estará faltando centralismo? ¿O Limeñismo? ¿Por qué no me va ni me viene a quien pongan (si, empiezo a creer en las teorías del fraude) de alcaldesa? ¿Será porque donde voté la ONPE si funcionó, y es más, lo hizo con mayor prontitud que en otras ocasiones? ¿Será que me conmovieron todos aquellos estanceros que iban a las urnas con convicción, con genuino deseo y crédito hacia el candidato de su elección? ¿Será porque creo que entre quien entre de alcaldesa, su "efecto" no será más que un viento fugaz, y después volveremos al pantanoso escenario político limeño?
Posiblemente, a fin de cuentas, solo sea el hecho de que a pesar de mis demonios, me seduce más la esperanza provinciana, que el conformismo teñido de pesimismo ( y quien sabe mas ismos) limeño.